Estamos como los del Flight of the Phoenix. Nos ha pillado una tormenta, un motor no funciona, nos hemos caído en el desierto, se nos ha roto un ala y no sabemos dónde estamos… Y encima no nos ponemos de acuerdo en cómo salir de aquí.

Afortunadamente tenemos a James Stewart de piloto y a Hardy Krüger, el diseñador de maquetas, que es capaz de convencer a todos de que de un avión de dos motores se pueden construir uno más pequeño de un solo motor en el que salvarse. Ellos lo consiguen. Nosotros estamos en ello.

Bueno, realmente estamos en que no nos ponemos de acuerdo en cómo resolver la cosa. Estos días he leído otra vez que los economistas sólo servimos para contar lo ya sucedido y no tenemos ni idea de cómo predecir el futuro. La verdad es que tampoco me preocupa, porque en lo que debemos ocuparnos no es en intentar saber qué va a suceder, sino en ayudar a que suceda algo. Y no los economistas, sino todos.

Al final de la película Jimmy quema cuatro cartuchos intentando sin éxito arrancar el motor del avión artesano. El quinto decide utilizarlo para limpiar los cilindros y es el que funciona. Me he parado a pensar en si sería yo capaz de reducir lo necesario para que salgamos del desierto a cinco “cartuchos”. Los míos serían:

1. Cambio de la estructura estatal y autonómica

2. Mejora del marco regulatorio jurídico, fiscal y laboral

3. Aseguramiento de agua y energía suficiente y económica para todos

4. Transparencia y eficiencia del sistema financiero

5. Mejora de la educación y el empresariado

Dejemos los cuatro primeros hasta que los políticos se aclaren y centrémonos en el quinto, que es el que estoy seguro de que funcionaría. Porque ahí está la verdadera base del cambio de nuestro modelo económico que tanto se desea: son necesarios más graduados de carreras técnicas.

Me he metido a estudiar el mundo universitario y me he encontrado con un panorama poco alentador. Aunque las noticias más frecuentes suelen versar sobre el Espacio Europeo de Educación Superior –EEEC o Plan Bolonia- o sobre los portátiles para los chavales, hay que bucear en las cifras universitarias para entender nuestra realidad.

El informe 2008 de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas –CRUE- que hasta hace poco ha presidido nuestro ministro de Educación Sr. Ángel Gabilondo, y el propio ministerio desvelan lo siguiente sobre las universidades públicas:

• Mientras la población de nuestro país aumenta (+11,9% entre 2006 y 1996), el número de estudiantes universitarios disminuye (-12,6%, 1.070.000 contra 1.224.000).
• El descenso se produce exclusivamente en las carreras de ciclo largo. La gente quiere estudiar menos.
• En el último curso analizado, 2006/2007, el mayor descenso de matrícula se produce precisamente en las carreras técnicas, -5,6% frente a, por ejemplo, Ciencias Sociales y Jurídicas que crecen el 1,6%. Justo lo contrario que nuestros amigos chinos, por ejemplo.
• La Tasa de Rendimiento Académico –T.R.A.- (créditos aprobados sobre créditos totales) de las carreras técnicas es del 54,3% frente a una media del 61,6%. O sea que más o menos la mitad de los créditos se suspenden. Lejos de la deseada excelencia. En algunas regiones la tasa ronda el 40%. La mala base de las matemáticas de secundaria aflora, creando un círculo vicioso que empuja a los estudiantes a evitar las carreras técnicas.
• Los chicos trabajan poco, produciendo únicamente un 38,6% de las graduaciones para un 45,5% de las matrículas. Mientras las chicas consiguen un 61,4% de los egresos para un 54,5% de las matrículas.
• Las mujeres son más y rinden más, pero sólo suponen el 35,4% del personal docente e investigador o PDI (¿por qué?)
• Pese al descenso de universitarios el PDI aumenta un 15% y el personal de administración y servicios lo hace en un 18%. Ello hace que el total gasto por estudiante graduado crezca un ¡51%! en seis años. Aquí también tenemos un problema de productividad.

Podía seguir pero temo aburrirles. Echo de menos un informe razonado. La página de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, -ANECA-, probablemente rigurosa, no veo que explique cómo está la cosa. El informe de la CRUE da puramente los datos (por cierto en un pdf colgado al través) pero no expone conclusión alguna. Lo que parece claro es que la universidad necesita un revolcón si de verdad queremos enfrentar un cambio de modelo económico. Espero que el Sr. Gabilondo, que es un filósofo, tenga clara la misión inmediata: hacen falta más graduados técnicos y menos abogados, o filósofos (perdonad amigos y disculpe, ministro).

Apéndice técnico: el avión que se estrella en la película (versión 1965) es un Fairchild C82A Packet, modelo que fue fabricado entre 1945 y 1948. El cartucho Coffman era un artefacto pirotécnico de cordita, común para conseguir que los motores de pistón dieran las primeras vueltas, lo que se apreciaba por el giro de la hélice. El sistema de cartucho pirotécnico permitía arrancar el motor de forma independiente al uso de baterías o generadores externos. El piloto de pruebas Paul Mantz falleció durante el rodaje al intentar aterrizar con el nuevo avión monomotor que se fabricó al efecto.

Tecnología militar...

Tecnología militar...

Y romperán sus espadas para arados y sus lanzas para hoces (Miqueas, 4,3)

Hace unos días ha sido el bicentenario de la batalla de Aspern-Essling, al lado de Viena. Sobre ella quiso Balzac hacer una novela pero fue Patrick Rambaud quien acabó contándola y ganó por ello el premio Goncourt. La narración no puede ser más cruda e iluminadora, con la luz gris de la guerra. En ese enfrentamiento entre las tropas de Napoleón, comandadas por el mariscal Masséna y las del Archiduque Carlos de Austria, murieron algo más de cuarenta mil soldados en unas treinta horas. La de Irak es una birria de guerra a su lado. Y ello demuestra que la tecnología no es precisamente imprescindible para el antiguo oficio de matar, al que la raza humana se ha dedicado con denuedo a través de los siglos.

A los franceses se enfrentó mi tatarabuelo, el coronel Cipriano Zanoletty, que combatió en el Batallón de Tiradores de Sigüenza y fue ayudante de campo de Juan Martín “El Empecinado”. La historia militar de mis antepasados convirtió a mi padre en un antimilitarista soterrado con una mezcla de sentimientos familiares, ya que su padre y su abuelo también fueron militares, y sobre todo de su visión sobre la trágica historia de las guerras del siglo XX, todo lo cual hacía comprensible esa postura.

A una sociedad sana le corresponde trabajar para que las armas dejen de usarse y que un día dejen de ser necesarias. Seguro que todos estamos de acuerdo en que la guerra y la violencia son odiosas. Las mutuas masacres de rusos y alemanes durante la II Guerra Mundial, Hiroshima-Nagasaki, el bombardeo de Dresde, nuestra propia Guerra Civil, el napalm de Vietnam, las bombas de racimo, las minas anti-persona, los niños soldado con Kalashnikov en ristre, todo ello son sucesos, objetos y conceptos deleznables. Pero el problema es que los conflictos y las amenazas no cesan. Ya sea terrorismo, problemas fronterizos, regímenes totalitarios que pretenden camuflar sus problemas internos, enfrentamientos étnicos, tribales o de religión, la gente se sigue matando, a machetazos, tiros, bombazos, con aviones secuestrados o nos amenaza con algún que otro misil atómico.

Y ante ello no parece que haya otra solución que seguir fabricando armas, usándolas en lo necesario y seguir aumentando el control sobre las mismas. Y son precisamente los militares los que saben hacer esas cosas. La deténte está muy bien, pero los países que se consideren civilizados, entre los que España manifiestamente quiere estar, tendrán que seguir ejerciendo de gendarmes, para lo que se van a seguir necesitando armas. Más sofisticadas y selectivas que las necesarias para enfrentarse a un ejército como el de Napoleón.

Mientras escribo esto desde el tren, paso por Albacete, donde se fabrica el helicóptero Tigre, de la empresa Eurocopter de EADS. Es un helicóptero de guerra, que aunque válido para otros usos múltiples, está concebido inicialmente como un arma. En Albacete hay dudas sobre la militarización de su territorio. Yo sugeriría que se las quitasen y que en cambio se aprovechen todo lo que puedan de la existencia de esa fábrica y que su universidad se enfoque a esas cuestiones. Primero porque los helicópteros de guerra van a seguir haciendo falta para ayudar a mantener la paz en muchos sitios, para los que quieran calmar su conciencia ética. Y segundo, porque la industria militar está íntimamente ligada al desarrollo tecnológico de cualquier país y no deberíamos dejar pasar la oportunidad que se nos brinda.

Muchos nombres de la industria bélica como Boeing Rockwell, Thales, Sagem, British Aerospace, Northrop Grumman, combinan productos militares y civiles de alta tecnología. Lockheed Martin, por ejemplo, creó el C-5 Galaxy, el mayor avión militar en servicio, pero también fabricó el telescopio Hubble. General Dynamics fabrica el carro de combate Abrams o submarinos nucleares, pero también está detrás del sistema de comunicación y envío de mapas del Lunar Reconnaissance Orbiter que ha entrado en órbita lunar la semana pasada y que servirá para decidir el sitio para la instalación de una base permanente en la Luna (www.lro.gsfc.nasa.org).

España tiene una buena tradición aeronáutica que debería reforzar y la industria militar es un paso obligado para ello. Hace unos días leí que una empresa de Mendaro, en Guipúzcoa, Desarrollos Mecánicos de Precisión (DMP), fabrica para Airbus parte del tail boom para el respostaje en vuelo de aviones de combate, lo que demuestra que no hace falta ser un gigante para participar del pastel. Si queremos más arados tal vez tendremos que tener más espadas.

Y aunque sea en una recreación cinematográfica, el desembarco de Normandía, recordado estos días, nos`puede servir para aceptar que a veces las armas son necesarias.

Y otras imposibles de justificar…

Circenses (coste 94 millones)

Circenses (coste 94 millones)

Tenía yo siete años cuando salí de Santa Cruz de la Palma, donde nací. De entre los nombres que recuerdo de mi pueblo, que no son muchos, están los de sus dos equipos de fútbol rivales, el Tenisca y el Mensajero. Se decía que había familias en las que padres e hijos no se hablaban por lo de seguir a uno u otro equipo. Me llevaron un domingo al estadio del Tenisca, junto al mar, y pude ver mi primer y casi último partido de fútbol en directo. Aunque buena parte me la pasé mirando al mar, de lo que ya pueden deducir que no soy un gran aficionado a la cosa balompédica. Allí la afición debe de seguir, como lo prueba el que los estadios de ambos equipos suman juntos 11.500 asientos para 17.000 habitantes del pueblo.

Estos días, aparte de cuestiones de trascendencia relativa como la muerte de Vicente Ferrer o que según la FAO una de cada seis personas del planeta padece hambre (+11% en un año), las noticias de verdad trascendentes en España han sido los fichajes de Cristiano Ronaldo y Kaká. Este último un segundón por cuyo traspaso “sólo” han pagado 65 millones de euros frente a los 94 del portugués. Y que han venido Caja Madrid y el Banco de Santander y le han prestado al Real Madrid 152 euromillones para echar una manita, una manita de 152 de los 159 millones del coste total de ambos jugadores, en esa encomiable aventura empresarial.

Porque el Sr. Florentino Pérez lo puede decir más alto pero no más claro: señores, el fútbol no es un deporte, ni siquiera ya sólo un espectáculo, el fútbol es un negocio. Un negocio basado en el espectáculo pero, sobre todo, un negocio. Grande. Para que nos hagamos idea, el total de los presupuestos de los clubes de primera división supera los 1.500 millones de euros. Y está basado en otro gran negocio, el de los derechos televisivos: Mediapro paga al Real Madrid 1.100 millones entre 2006 y 2013 y 1.000 millones como mínimo al Barça. Y para que puedan poner esto en perspectiva, el presupuesto del Consejo Superior de Deportes, o sea el fomento de todo el deporte en total, son 193 millones. Algo así como “LFP -Liga de Fútbol Profesional- 10 – CSD 1”

Hasta ahí todo bien, un negocio es un negocio, y el que no quiera comprar que no entre en la tienda. Pero no es tan simple, porque hay algunas cuestiones ante las que no podemos permanecer impasibles:

Primero: los enormes recursos económicos que se vuelcan en el fútbol hacen que éste se convierta no en el “deporte rey”, sino casi en el deporte único a efectos mediáticos. El resto de los deportes, hecha la salvedad del tenis, la Fórmula 1 y la Moto GP, están casi ausentes. Lo que causa una inclinación totalmente desequilibrada de la juventud hacia este “deporte”, en detrimento de todo el resto de deportes a fomentar, empezando por el atletismo.

Segundo: a los Sres. Ronaldo e Izecson Dos Santos –Kaká- se les va a pagar en buena parte con el dinero de todos. Porque los 18 ó 20 millones anuales que se van a llevar entre ambos, cotizan IRPF al 23% como tope durante los primeros 6 años en España, en virtud de la llamada “ley Beckham”, que no sé por qué no se cambia. O sea que si juegan aquí 6 años van a “dejar de pagar” algo así como 25 millones de euros en impuestos. ¿Que saben quién los va a pagar? ¡Exacto, han adivinado!: usted y yo y el resto de los curritos del país.

Tercero: sobre el Banco de Santander no opino. Pero el Sr. Blesa, y la Sra. Aguirre, defienden la corrección del crédito de 76,6 millones de Caja Madrid al Real Madrid. Lo defienden desde el punto de vista técnico, porque “existen garantías suficientes”, cosa que yo creo estar en condiciones de disputar. Pero es indefendible desde el punto de vista ético y corporativo. Supongo que ya todos, todos, se han olvidado de la Real Orden de 3 de abril de 1835 por la que se impulsa la creación de las cajas de ahorros, implicando a las personas con “espíritu filantrópico”. ¿Filan…qué? Lo que el Sr. Blesa defiende es que Caja Madrid es como un banco, ideario muy en boga para lo que conviene. Pero si es un banco, que se convierta en una entidad que responda frente a sus accionistas y no frente a intereses de partido, o frente a nadie como parece ser el caso.

En conclusión, lo del Circenses al menos parece que lo tenemos resuelto. Ahora sólo nos falta lo del Panem…

Panem (coste... la voluntad)

PANEM (coste... la voluntad)

En recuerdo de Vicente Ferrer, una vida de bondad.

Mohammad Yusuf, una forma de entender la banca

Mohammad Yusuf, una forma de entender la banca

Llevamos meses hablando de ello. Pero ahora se crea el FROB –Fondo de Re-estructuración y Ordenación Bancaria- y parece oportuno reflexionar de nuevo. Sobre el comportamiento de banca y cajas de ahorros y la necesidad de eliminar el “riesgo sistémico” creo que hay mucho que matizar y necesidad de máxima transparencia. Es cierto que el sistema financiero es un pilar del de cualquier economía y que es necesario mantener un nivel adecuado de seguridad para los depositantes. En caso contrario se corre el peligro de que la desconfianza se extienda al total de las entidades, con consecuencias sin duda indeseables. De ahí la ampliación hace unos meses de los límites cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos. Pero no es menos cierto que hay entidades financieras que lo han hecho mejor que otras y algunas seguramente mal. Y hacerlo mal en el negocio de prestar dinero suele ir de la mano de la imprudencia, en el mejor de los casos, o de la colusión en el peor.

Ya cuando salió a la luz pública la concentración de riesgos de la Caja Castilla La Mancha resultó aparente que una cosa o la otra, o ambas, habían estado presentes. Los 1.000 millones de Martinsa-Fadesa con Caja Madrid tampoco son fáciles de olvidar. Supongo que el Banco de España estará buceando en todo ello y resultaría muy estimulante que cualquier connivencia en esas cuestiones fuese claramente eliminada.

Cualquier entidad financiera privada suele tener una primera responsabilidad frente a sus accionistas: mejorar su ROE o return on equity. Cuántos céntimos de remuneración se le entregan a cada euro de capital. Los 19,4 del BBVA o 13,25 del Santander, por ejemplo, son un buen primer indicador grueso de la calidad de la gestión de un banco.

La tentación del gestor, cuando necesita mejorar ese ratio es hacer operaciones de más riesgo y mejor remuneración –comprar bonos soportados por hipotecas subprime, por ejemplo- o hacer operaciones grandes -que tienen un ratio de eficiencia más alto-. Es mucho más “eficiente” estudiar y conceder un crédito de 100 millones de euros que 10.000 créditos de 10.000 euros. Y además el macrocrédito tiene “glamour”, hace importantes a los que intervienen en su concesión y suele estar respaldado por garantías con mucho mejor maquillaje que las de una PYME. El problema es que cuando las cosas salen mal pueden salir muy mal. El sobre-apalancamiento de grandes compañías ha sido fomentado por buena parte de la banca por esa cuestión de escala y mejor eficiencia para su cuenta de resultados y hoy está en la base de los problemas de muchas entidades y de muchos de sus clientes.

Por eso sería importante que los gestores del FROB se tomaran en serio la re-estructuración, no limitándose a la recomposición patrimonial de aquellas entidades que lo necesiten, sino exigiendo responsabilidades y contraprestaciones a los consejos de las entidades a las que deban ayudar. Si se ayuda a una entidad a mantener su negocio debe ser a cambio de que presten el servicio que de la misma se espera. Algunos bancos y cajas parecen a menudo olvidar que casi el 90% del tejido empresarial español está hecho de PYMES. Los mecanismos de supervisión no deberían permitir concentraciones de riesgo como las que se han producido.

Tal vez sea un buen sitio para homenajear al señor Mohammad Yusuf, que entendió que en su país, Bangladesh, lo que hacía falta sobre todo era una banca de micro-créditos, lo que le valió el Premio Nobel de la Paz en 2006 (ver http://iwtmad.blogspot.com/2008/02/nobel-peace-prize-winner-mohammad-yusuf.html y http://jayab.blogspot.com/2006/12/mohammed-yusuf-noble-price-speech.html). España no es desde luego Bangladesh, pero algo podemos aprender para que el sistema financiero se ajuste a la sociedad y no a la inversa.

Juan Pedro Hernández Moltó, otra forma de entender la banca

Juan Pedro Hernández Moltó, otra forma de entender la banca

If someone is turning a knob on an oscilloscope, but if he’s just doing it because turning a knob is fun, he’s frobbing it…

Parque Blanco

Parque Blanco

Hoy es domingo. Me he levantado un poco más tarde que de costumbre. Hace un día radiante. Desde la ventana del dormitorio he mirado el mar. En la piscina delante de mí un robot se está ocupando de limpiar el fondo para que dentro de unos días podamos nadar con las máximas garantías. La piscina es de tamaño olímpico y se ha quedado un poquito grande para los que somos en la urbanización, pero bueno, hay cosas peores.

Luego he desayunado, zumo, tostadas de pan integral con mantequilla y jalea de grosella, café con leche. He puesto la televisión y me he topado con un reportaje sobre Ruanda (donde las matanzas de los tutsis por los hutus, ya saben). Entrevistan al doctor Mariano Pérez Arroyo y al misionero Josep Cabanyol, que nos muestran la situación de los hospitales por allí y la desnutrición de un grupo de personas que come siete u ocho patatas como plato único del día para todos. Mientras miramos para otro lado, unos pocos hombres y mujeres extraordinarios luchan por mejorar esas cosas. El doctor Pérez Arroyo es catedrático de neurofisiología de la Universidad de Alicante y trabaja en la clínica Vistahermosa, donde nacieron mis hijos. Con 70 millones de pesetas que recaudó en Alicante hace unos años y seguro que mucho esfuerzo, ayudó a crear un área de formación del hospital de Medicus Mundi en Nemba, Ruanda, donde ya han nacido 120.000 niños desde 1974. Mariano está empeñado en la enseñanza para la clase médica y la enfermería en aquél pequeño y pobre país. El hermano Cabanyol explica como Caritas ha donado cabras y ovejas, también en Ruanda, y enseña a los pobladores de aquellos pueblos a criarlas para ayudarles a que tengan leche y suplementen su alimentación.

Fuera, a unos metros de mi casa, me encuentro con el conflicto moral de nuestro sistema. No del sistema capitalista, no, de nuestra sociedad que se va anclando de forma progresiva en una burguesía indiferente a lo que no sean sus propios malestares. No importa que la gente se muera de SIDA, malaria o cólera, con tal de no verla.

He aquí el conflicto, el Plan Ẽ a mi alcance:

Mejora del vallado de campo de fútbol en calle Palangre, € 60.000. Vallado realizado hace meses o años en el que simplemente ha aparecido un cartel hace unas semanas. O estoy muy confundido o se trata de un apaño patente y consentido en las cuentas municipales para con algún proveedor. Generación de empleo 0.

Reposición de suelo del parque infantil que usa mi nieta Alba, gracias por ello. Pero… ¿€ 99.000? ¿Ustedes ven la foto? ¿Alguien se cree que 100 metros cuadrados de pavimento, el que sea, pueden costar ese dinero? Generación de empleo, pues no sé, dos o tres personas. Yo lo haría yo solo, en plan bricolage de ratos libres y se lo ofrecía de regalo a Alba.

Instalación de césped artificial en la mediana de la Avenida Costa Blanca, € 836.000. Saquen la calculadora y vean cuánto es eso en antiguas pesetas. Pues unos 140 millones. ¿De verdad nos podemos permitir estas cosas? ¿En cuánto tiempo se amortizará o desaparecerá ese césped artificial?

Urbanización espacio público entre las calles Tridente y Curricán, € 342.000…

Todo esto lo ha recorrido mi nieta, que todavía no tiene dos años, hace un rato. Nos ha encantado el paseo, pero cuando ella tenga conciencia de la sociedad a la que pertenece y las injusticias que abriga en su seno, confío en que empiece a avergonzarse como yo lo estoy. Y que sepa hacer algo.

La justicia social no debería tener ni color ni fronteras.

Lo que me recuerda que, laicismo o no, lo de la casilla de la Iglesia es casi una obligación. Caritas merece todo el apoyo, que al fin obras son amores y no buenas razones…

Parque Negro (incluye balón Champion League)

Parque Negro (incluye balón Champion League)

“My other piece of advice, Copperfield, you know. Annual income, twenty pounds; annual expenditure, nineteen (pounds) nineteen (shillings) six (pence); result, happiness. Annual income, twenty pounds; annual expenditure, twenty pounds ought and six; result, misery” -Mi otro consejo, Copperfield, ya lo sabes. Renta anual, veinte libras; gasto anual, diecinueve libras, diecinueve chelines y seis peniques; resultado, felicidad. Renta anual, veinte libras; gasto anual, veinte libras y seis peniques; resultado, miseria-. Charles Dickens, David Copperfield.

Fue hace treinta y cinco años cuando supe por primera vez lo que era una tarjeta de crédito. El Banco de Bilbao adquirió la distribución en España de Barclaycard y a mi me tocó cargar con tarjetas de muestra, recibos y bacaladeras e ir de tienda en tienda explicándole a los tenderos de Játiva en que consistía el nuevo sistema y sus “ventajas” para ellos y sus clientes. Poco adivinaba yo la revolución que se estaba montando.

Sin que yo me diera la verdad mucha cuenta, en los cuatro años previos se había iniciado un cambio trascendente en la banca española. Hasta final de los años sesenta la banca se dedicaba sobre todo a financiar a las empresas en sus necesidades de circulante, vía líneas de crédito o descuento de papel comercial –mayormente a su vez entre empresas- y las facilidades para el comercio exterior –créditos documentarios financiados, crédito a la exportación-. Ya he dicho que no había créditos hipotecarios. Y así había sucedido desde la Edad Media, como nuestros colegas del Monte dei Paschi di Siena están orgullosos de pregonar. El crecimiento de la liquidez internacional que se produjo a partir del inicio de los setenta –Nixon suprime la convertibilidad del dólar en agosto de 1971- creo yo que trajo entre otras consecuencias el despegue del crédito al consumo como producto bancario básico. La banca necesitaba “colocar” y rentabilizar un dinero cada vez más abundante. Hoy cabe dudar de si las consecuencias han sido del todo positivas.

Tomando un poco de perspectiva sobre como evolucionan nuestras necesidades económicas con los años, yo diría que normalmente podemos dividir nuestra vida en cuatro grandes etapas de más o menos 20 años cada una:

1. Infancia y juventud. Somos dependientes de nuestros padres que, en el caso más deseable, nos alimentan, equipan –vestido, calzado, móvil, portátil, botellón…- y educan a su costa.
2. Edad adulta. Trabajamos, buscamos la independencia económica, formamos una familia y adquirimos los bienes para ello. Educamos a nuestros hijos si los tenemos. Nos endeudamos.
3. Edad madura. Seguimos trabajando. Hemos criado y educado a nuestros hijos, que se van independizando y ello nos permite reducir nuestro coste de vida, pagar nuestras deudas y ahorrar para la vejez.
4. Senectud. Nos jubilamos. Intentamos disfrutar el tiempo que nos queda y vivir de nuestros ahorros.

En ese proceso se suelen producir variadas disfunciones. A veces los padres no pueden mantener a sus hijos como querrían; a veces en la edad adulta sufrimos agobios económicos incluso teniendo trabajo, sin trabajo no digamos; a veces en la edad madura no somos capaces de desendeudarnos o de ahorrar; a veces llegamos a la senectud sin suficientes ahorros y debemos seguir trabajando o reducir drásticamente nuestro nivel de vida. Todo ello guarda alguna relación con sobre-endeudarse para consumir.

Existe la extendida creencia de que el consumo es la base de la prosperidad, constantemente fomentada por la publicidad e incluso los gobiernos, porque cuando compramos bienes generamos empleos en el sistema productivo. Muchos de nuestros males, sin embargo, son consecuencia del consumo por encima de nuestras posibilidades. Y encima el Euro fuerte nos ha animado a hacerlo con productos importados, a costa de endeudarnos de forma creciente con otros países. Pues ha llegado el momento de empezar a eliminar las tarjetas de crédito y gastar lo que tenemos. O lo hacemos u otros lo harán por nosotros. Pese a los más de ciento cincuenta años trascurridos, creo que Mr. Micawber sigue teniendo razón.

En Estados Unidos la pelota de pérdidas por incobrables de tarjetas de crédito anda entre los 70.000 y los 140.000 millones de dólares para 2.009 y 2.010. American Express y Citibank, que estudian y divulgan estas cosas, descubren la alta correlación de la tasa de desempleo con la morosidad de tarjetas (8,9% desempleo, 8,7% morosidad incobrable estimada por American Express, ambos máximos de los últimos 20 años). Como consecuencia se estima que en 2.010 el crédito a través de tarjetas se podría reducir hasta en un 50%. ¿Qué pasará en España?

Correlación desempleo/morosidad tarjetas USA

Correlación desempleo/morosidad tarjetas USA

Al poco de empezar a trabajar como empleado de banca en 1969 me volví un chapucero, como casi todos mis colegas. La jornada era de ocho de la mañana a tres de la tarde y lo habitual entonces era ir a casa, comer, intentar descansar un rato y marcharse a un segundo trabajo,”la chapuza” que ayudaba a sacar adelante a la familia: llevar contabilidades, dar clases, o en algún caso, rellenar letras de venta de pisos… Un promotor de viviendas me traía entonces tacos de 120 letras de cambio, piso igual a taco. La primera rellena con los datos del comprador, importe, vencimiento, el resto en blanco. Yo tenía que rellenar ese resto con todos los datos, añadiéndoles un mes al vencimiento, así hasta los 10 años. Fue un curso de mecanografía gratuito, pelín monótono.

No existía entonces el préstamo con garantía hipotecaria, ni había mercado hipotecario, ni compromisos de treinta o cuarenta años para comprar una casa. Los promotores se financiaban descontando aquellas letras de venta de pisos que conseguían colocarle a los bancos, dentro de los noventa días o a “largo plazo” o sea dieciocho meses como máximo. Era común que los novios ahorrasen para comprar una casa y tenerla pagada antes de casarse. Las tarjetas de crédito no existían… ¡No ha cambiado nada la cosa!

Luego vino el “desarrollo”, aprendimos a vivir a crédito, surgieron los mercados financieros, los préstamos hipotecarios, la moneda única y las titulizaciones. Todos instrumentos de prosperidad aparente, pero que uno no puede evitar preguntarse si no nos han complicado la vida. Insensiblemente nos hemos ido deslizando colectivamente por la senda del endeudamiento creciente, sin pararnos a mirar bien cómo de resbaladizas eran las paredes del agujero donde nos metíamos.

Estos días en el Salón Inmobiliario de Madrid –SIMA- he hablado con personas que representan a casi todos los sectores alrededor de la vivienda. Financiadores, intermediarios, promotores, usuarios. Todos tienen problemas. Los financiadores, bancos y cajas, a ver cómo encajan y cómo gestionan y venden sin pérdidas masivas los inmuebles que se están quedando. Los intermediarios, entre ellos yo, preocupados porque sin tráfico no hay negocio. Muchos promotores, a ver cómo consiguen reducir sus existencias sin quebrar en el empeño. Los usuarios, y ayer había muchos de ellos en SIMA, buscando su vivienda ideal en el sitio y al precio que quieren y que en general no encuentran.

Todo ello me ha hecho pensar en las cuestiones clave que creo que hay que resolver:

• Por una parte la vivienda está cara. Los incrementos de precio entre 2002 y 2006 han hecho que el precio se doble en esos cinco años y el precio ha pasado a 6,5 rentas medias, frente a 3,5 en Estados Unidos o 4,4 en Francia (vide Ricardo Vergés). Admitido que ya se ha producido un cierto ajuste, dicho ajuste ha sido poco para las viviendas con demanda y sólo algo más real en las sobrantes.
• Por otra, existe un importante exceso de viviendas en lugares sin demanda. No es que no exista porque el precio es excesivo, no existe porque no existe, porque no hay gente. La producción de vivienda ha estado más condicionada por la existencia de suelo a precio aparentemente aceptable y financiación para el mismo que por las necesidades reales de la población de la zona. Su producción responde a la acepción menos peyorativa del término especulación: se ha producido vivienda más en la esperanza de que la demanda surgiría que en el conocimiento de que la demanda existía.

Nos encontramos así con la paradoja, tal como gritaban ayer un grupito de manifestantes en SIMA, de que hay “casas sin gente y gente sin casa”. Si profundizamos en ese problema, buena parte de las casas sin gente lo son porque la gente no quiere casas en esos sitios. Y buena parte de la gente sin casa lo es porque no hay casas a los precios que ellos quieren en donde las quieren. Si rememoro mis nociones de Teoría de Conjuntos, es en la intersección donde sería deseable un ajuste más temprano y sin embargo donde más resistencia se produce.

Me temo que esta cuestión nos va a traer bastantes sinsabores. Pero la corrección es necesaria y haríamos mal en no ayudar a que se produjese, en lugar de caer en la tentación de prolongar la situación y seguir en la espiral precio-endeudamiento a base de hipotecar a nuestros hijos. Cuanto antes se resuelva esto, mal que duela, mejor.

El problema está en que los ingentes beneficios generados están ya en el bolsillo de algunos, mientras que las pérdidas que se tendrán que generar es probable que tengan que salir de los bolsillos de otros. C’est la vie!

…Por cierto, hasta los extra-terrestres quieren su casa…

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Elías Metchnikoff nació en Járkov (Ucrania) en 1.845. A los 22 años era profesor de la universidad de Odessa y en 1.888 se trasladó a París a trabajar en el Instituto Pasteur, del que a partir de 1.895 sería subdirector. Metchnikoff, bacteriólogo, descubrió la fagocitosis y por ello recibió el Nobel de medicina en 1.908 y fue el primero en relacionar los bacterias de la leche ácida o LAB, que contiene el yogur, con sus beneficios para la función intestinal y la prevención del envejecimiento.

Daniel Carasso, Danon para su padre, fallecido el diecisiete de mayo pasado a los 103 años de edad, nació en Salónica (hoy Grecia, entonces Turquía) y siendo todavía un chaval presenció la fundación de Danone por su padre. Isaac Carasso, judío sefardita, que se había afincado en Barcelona y conocido el fundamento científico de los trabajos de Metchnikoff, judío igualmente, vislumbró su futuro comercial y empezó a fabricar yogures y a venderlos en las farmacias. En recuerdo de aquella primera aventura empresarial Danone acaba de abrir en la Diagonal de Barcelona su primera “yogurtería”. Daniel Carasso ha sido, además de un gran empresario, una confirmación directa de la ayuda del yogur para una longevidad activa.
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No sé si alguno de ustedes se habrá enfrentado, cuerpo a cuerpo, con un container. Ya saben, esas cajas de hierro de 6 ó 7 metros de largo y unos 3 de ancho y alto que van por las carreteras encima de un camión. Yo sí. Debo de ser de los pocos ingenuos que se han sentido capaces de descargar solo un contenedor, a más a más de 40 pies. Y como no teníamos un muelle de carga, o de descarga en este caso, lo hicimos desde la calzada con ayuda de una escalerilla de mano, la que usábamos en casa para cambiar bombillas…

Eso fue en 1980 y para ser franco me ayudaba mi esposa, que habíamos abierto una tiendecita de muebles en Inglaterra y decidido llenarla de una sola vez haciendo una compra al por mayor en España. Ya echaremos unas risas cuando les relate en persona que a media descarga nos dimos cuenta de que lo que había dentro de aquel contenedor no era nuestro y nos tocó volver a meterlo todo de vuelta, sofás y sillones y cosas así, o mejor dicho a intentar meterlo, porque no cupo. Y además llovía. Desde entonces miro con respeto y curiosidad esas cajas de hierro. Y me he preguntado cuántas habrá por ahí.

Pues en 2008 han circulado por los cien mayores puertos del mundo 494 millones de ellas, Read the rest of this entry »

Muñeca dentro de muñeca, dentro de muñeca, dentro de muñeca, ya saben. Por casa hemos tenido una media rota que iba a ir a la basura porque he llegado a la etapa vital de encontrar cada vez más cosas inútiles. Pero resulta que ahora me viene bien para explicar, casi explicarme a mí mismo, la cosa esta de la crisis: crisis dentro de crisis, dentro de crisis, dentro de crisis…

Crisis inmobiliaria dentro de crisis bancaria, dentro de crisis financiera internacional, dentro de crisis de modelo económico, dentro de crisis de modelo territorial, dentro de crisis de sistema político, dentro de crisis de valores social, dentro de crisis educativa, dentro de crisis de valores personales… Nueve muñecas.
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