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Hace unos veinticinco años subí con mi hijo a la Sierra de Bernia. No lo digo para presumir de alpinista, que al fin al cabo la cima está a 1.128 metros. Además sólo llegamos hasta el Fuerte Bernia, a 803 metros, cuyo acceso por la cara norte de la sierra es poco más que un agradable paseo mañanero, sin necesidad casi ni de provisiones. Aunque una vez arriba ya nos habríamos comido un bocadillo del chorizo ese de Campofrío, que no recuerdo yo que lleváramos. Pero la vista panorámica compensa. Se contemplan, desde los restos del fuerte, sesenta o setenta kilómetros de costa y Mar Mediterráneo, desde Alicante hasta Jávea, Peñón de Ifach por medio. A nuestros pies, la blanca Altea.

Altea era ya entonces uno de los pueblos más prósperos de la zona, con su “caché” particular, favorito de artistas, preferido del turismo alemán, buenas tiendas y restaurantes. Todo ello pegado al mar, en medio de su magnífica ensenada entre El Albir y el macizo del Mascarat. Al Puerto Campomanes, o Marina Greenwich (por su asiento en el meridiano 000º 00’ 00’’), le pilló la crisis de los noventa, pero afortunadamente sobrevivió. En mi tiempo de Bancaja me tocó lidiar con algunos adjudicados en ese sitio, que estaba claro que no podía ser malo pese a alguna barrabasada arquitectónica. Llegaron luego algunas promociones de “gama alta” en terreno necesariamente limitado, entre la N332 y el mar: La Galera o Villa Gadea, la que fue aventura inmobiliaria de Julio Iglesias. Tan junto al mar no es fácil equivocarse. Leer el resto de esta entrada »

¿Es esto lo que quieren? Habrá que averiguarlo...

“Schuhmacher hat Weiss gesagt: Gurke, wir müssen mehr Wohnungen an Ausländer verkaufen…

- Keine Sorge, Präsident, ich bin nach Moskau gehen zu einer Ausstellung montieren.

- Aber wissen Sie, wer diese Fremden sind?

- Natürlich! Sie sind alle gleich!”

Las cuatro frases de arriba me han costado tres cuartos de hora, varios diccionarios y seguro que me he dejado alguna declinación en la cuneta. Así que para comprobar le he metido el “Google Translator” en directa y en reversa y parece que me ha salido algo moderadamente aceptable:

“Zapatero le ha dicho a Blanco: Pepino, tenemos que vender más casas a los extranjeros…

- No se preocupe, Presidente, voy a Moscú, para montar una exposición.

- ¿Pero usted sabe quiénes son estos extranjeros?

- ¡Por supuesto, son todos iguales!”

El problema es que no he insistido lo suficiente en dominar pasablemente el magnífico idioma alemán. Y el Google Translator sólo te da aproximaciones, de uso a veces comprometido, como lo de llamar Pepino a nuestro vice-presidente. No sabe Google que el Sr. Blanco se ocupa de Fomento, no de Agricultura. Y las aproximaciones no son buenas, como saben los ingenieros alemanes que fabrican lavadoras. Nosotros con los guiris, en cambio, en esto de las casas que hay que venderles, vamos únicamente por aproximación. Tocando la guitarra de oído, vamos.

Y es que lo de vender las casas que sobran en la costa a los guiris no tiene mucho de ingeniería, pero sí de psicología y de sociología. Más que de urbanismo, arquitectura o marketing, que han sido las prácticas al uso. Y para poder aplicar psicología o sociología, como en cualquier problema, hace falta tener información. Partiendo de tres o cuatro bases sencillitas:

1) Los guiris no son todos iguales, las idiosincrasias importan. Cómo piensa un alemán y cómo piensa un inglés y cómo quieren relacionarse entre ellos importa, mucho.
2) Dentro de una nacionalidad, la zona de su país, la clase social o económica en que se integran, su edad, son todos factores diferenciales que hay que conocer.
3) En el caso de aquellos que quieren venirse a vivir a nuestro país, comprar una casa es la última consecuencia de una cadena de decisiones previas y trascendentes: marcharse del propio país a residir a otro cuya lengua y costumbres se conocen sólo por encima es un gran paso.

En consecuencia, si queremos ayudar a minorar el enorme problema del stock costero y la falta de actividad, antes de pensar en qué tenemos que hacer, que podríamos ponernos a elucubrar ideas (más paella, más sangría, más guitarra, etc., que para el turismo ha funcionado) hay que conocer a nuestros compradores. He aquí una listita de cosas a averiguar:

  1. Cuántos extranjeros -que no estén en búsqueda de trabajo- son propietarios de viviendas en España.
  2. ¿En qué municipios están?
  3. ¿En qué año llegaron?
  4. ¿Cuántos compran cada año?
  5. ¿Cuál es la edad media cuando compran?
  6. ¿Cuál es su situación familiar? (pareja, solteros o viudos, con o sin hijos)
  7. ¿Cuántos de los que compran conservan una vivienda en su país de origen
  8. ¿Cuántos venden y se marchan cada año?
  9. ¿Cuál es la edad media cuando venden?
  10. ¿Cuál es su situación familiar cuando venden? (pareja, solteros o viudos, con o sin hijos)
  11. ¿Ocupan sus viviendas en España de manera permanente?
  12. ¿Cuál es el grado de satisfacción de los extranjeros residentes, por año de residencia?
  13. ¿Qué servicios echan en falta?
  14. ¿Qué factores les decidieron a comprar en su día?
  15. ¿Qué factores les animan a vender y marcharse?
  16. ¿Cuál es su grado de conocimiento del idioma español?
  17. ¿Cuántos ven la televisión española? ¿Qué televisión ven?
  18. ¿Qué periódicos leen?
  19. ¿Cómo están de familiarizados con Internet?
  20. ¿De qué regiones de sus respectivos países proceden?

Todo ello, además, habrá que conocerlo por nacionalidades hasta poder componer un censo estadístico dinámico que, sin duda, sería muy útil no sólo para vender casas, sino para otras muchas cuestiones: sanidad, asistencia social o recaudación de impuestos entre ellas. Para planificar, en suma.

Podría seguir. Tengo claro que contestar a todo lo anterior costará trabajo. Pero también tengo claro que el tamaño del problema inmobiliario de la costa española, en viviendas acabadas, en construcción o en suelos, es de tal magnitud, que el coste de esta obtención de información sería ínfimo en proporción y, sin duda, la mejor inversión.

Me voy un rato a tocar la guitarra (Ich werde Gitarre spielen)

(y a propósito de guiris y guitarras, aquí va un video de “Rosita”, de Francisco Tárrega, interpretado por un chaval japonés que no he conseguido saber cómo se llama, ahora que hay que apoyar a Japón)

 

…estamos en un charco de 325.000 millones, subiendo de nivel. Es la deuda de las inmobiliarias con la banca. Puede parecer un problema limitado a las inmobiliarias y sus bancos o cajas. Pero es de todos, porque mientras no se resuelva, la ventanilla del crédito va a estar cerradilla. Parece que las inmobiliarias no pueden pagar ni siquiera los intereses de esa deuda, que el Sr. Santos González, ejecutivo del Banco de Santander y presidente de la Asociación Hipotecaria –AHE-, cifra en 15.000 millones al año. Y dice que no le ve salida y que la cuestión pone en peligro la propia viabilidad de la banca. Yo le creo.

Mientras tanto, la Asociación de Promotores y Constructores de España –APCE- defiende a los promotores, ardua labor, el Ministerio de la Vivienda quiere que la banca financie el Plan Estatal de Vivienda y Rehabilitación, el Banco de España no quiere intervenir más entidades y la carpeta del FROB –que tampoco parece la solución a esto- anda traspapelada por algún despacho de Bruselas. Perdices varias mareadas. Leer el resto de esta entrada »

Llevo unos veinticinco años chapoteando en el sector inmobiliario. Digo chapoteando porque la natación es un ejercicio de aguas claras, brazada regular y respiración ordenada. Las ciencias se desarrollan de ese modo, a base de investigación, prueba y error, fijar unos factores para ver el efecto de la variación de otros y cosas así. Hasta en la ciencia económica, con el uso de la econometría, el método científico es de aplicación sistemática. En la cuestión inmobiliaria, en cambio, no se nada, se chapotea. Porque el agua no es clara sino fangosa, y en consecuencia hay que andar con cuidado en no darse con una roca al tirarse de cabeza o en no quedarse atrapado en el limo del fondo (dramático principio, ¿eh?)

La cuestión es que cuando uno no ve lo que hay debajo, es casi mejor cruzar apoyándose en algunas piedras firmes, si no basadas en la ciencia al menos sí en la experiencia.
.
Yo a base de chapoteo creo haber aprendido cuáles son algunas de esas piedras. Y creo que hay dos o tres que son clave (piedras clave, ya saben).

Location, Location, Location

Location, Location, Location: el sitio un poco húmedo

Una, ésa que dicen los ingleses, “location, location, location…”. De entre las cualidades más importantes de un inmueble, si no la más, destaca su ubicación. Un buen inmueble en un sitio malo no es realmente bueno. Y un mal inmueble en un sitio bueno no es totalmente malo. Pero la gente hay ratos que se olvida. Ahora por ejemplo que las entidades financieras empiezan a cargarse de inmuebles que sus dueños no han podido vender para pagar, se darán cuenta de que les entra en sus carteras lo regular y lo malo, muy a menudo por su situación. A nivel personal, a lo largo de la vida económica de uno, yo diría que hay que procurar ser bastante inflexible en este tema, aunque la cocina sea preciosa y el sofá vaya perfecto en el salón.

La segunda es que una buena operación inmobiliaria, cuando se quiere invertir en ella para obtener una renta, pende, sobre todo, de un buen inquilino y de un buen contrato. En España llevamos años sin aplicar este principio. Por conveniencia o ambición, se ha pensado que una buena operación era aquélla en la que el suelo para edificar era aparentemente barato o en la que simplemente se obtenía una financiación generosa y la exposición de recursos propios era reducida. Error. Lo primero es el uso, determinado por las decisiones del usuario, inquilino preferentemente. Detrás viene todo lo demás. Ya sé que es difícil de hilar esa secuencia de esa manera, pero habrá que ver cómo no volvemos a darnos de cabeza en la misma roca. La razón por la que no ha corrido tanta sangre en el sector terciario como en el residencial es que buena parte de las decisiones de promoción terciaria están condicionadas por los compromisos previos con inquilinos, que además tienen más claras las buenas ubicaciones, cosa que en el residencial no ha ocurrido. En el residencial la mayor parte de la actividad ha sido especulativa. Especulativa en el sentido de confiar que los compradores o inquilinos aparecerían.

Y para la tercera me remito a Abraham Lincoln: You can fool some of the people all of the time, and all of the people some of the time, but you can not fool all of the people all of the time (puedes engañar a alguna gente todo el tiempo, o a todo el mundo durante un tiempo, pero no a todo el mundo durante todo el tiempo). La vivienda en España, en términos de múltiplos de renta disponible, sigue estando cara. Ya sé que desmontar el tinglado es doloroso y muchas empresas o entidades pueden irse a la quiebra si los suelos se deprecian, pero al final el fundamento del crecimiento futuro de nuestro sector inmobiliario pasa por un abaratamiento de la vivienda y muy en particular del suelo. La iniciativa de CiU sobre trabajar sobre derechos de uso para generar vivienda de alquiler económico, mientras tanto, tiene el mérito de echarle imaginación a un tema imprescindible pero resulta únicamente una solución parcial.

Bueno, me ha salido esto un poco pétreo, espero que no plúmbeo…

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