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Bueno, la cuestión es que tomé doce clases, me examiné, me suspendieron, me volví a examinar y finalmente aprobé. Mi mujer, que estaba en el mismo caso que yo, aprobó a la primera, lo que en casa me ha servido de recordatorio intermitente de la pobre base de la arrogancia masculina en eso de conducir.
Todo esto va a cuento de que de los varios exámenes de conducir con que me enfrenté el siglo pasado se me han quedado un par de cosas grabadas, aparte de lo de no soltar el embrague de golpe. Una es la de mirar siempre bastante por delante. En parte es instintivo pero es bueno ejercitarse en ello. La otra es lo de la visión periférica. Todos la tenemos, pero conviene tener un cierto método en su uso, que es por lo que me suspendieron los ingleses. Los examinadores son maniáticos con los retrovisores y les tienes que demostrar que miras, antes, durante y después de la maniobra. No vale aquello de, “sí cariño, ya lo había visto”.
Cosas que serían de utilidad para el debate este económico que tenemos ahora. Porque estamos todos muy concentrados con lo de pisar el embrague y que no se cale el coche, pero hay que mirar a lo lejos y alrededor. Pensar en cómo estaremos dentro de veinte, treinta, cuarenta años. No sólo es el medio ambiente lo importante para nuestros hijos y nietos.
Pensando en la distancia he encontrado la página del Groningen Growth and Development Centre, de la Universidad de Groninga en Holanda, especializado en el estudio de las cuentas nacionales del mundo entero y sus comparaciones geográficas e históricas siguiendo la iniciativa del profesor Angus Madisson. Interesante ver que España alcanzó su pico en la economía mundial entre 1600 y 1700 con el imperio en Latinoamérica. España representaba entonces, según la técnica empleada por Maddison, el 2,1% y 2,2% respectivamente del PIB mundial. A partir de ahí, declive, repunte, declive. 1,9% en 1820, 2% en 1870, 1,7% en 1913 (tardía Revolución Industrial), 1,3% en 1950 (autarquía, resaca de la Guerra Civil), 1,9% en 1973, 1,7% en 1998. Por ahí andaremos hoy, con tendencia a la baja porque Asia y América crecen notablemente más deprisa que Europa. Ya no tenemos, ni tendremos colonias. Muchos de los tránsitos de riqueza guerrera no se repetirán, por fortuna. Ahora hay que ganarse la posición pacíficamente. Y tendremos que plantearnos qué trozo del pastel queremos tener dentro de 50 años por ejemplo, en un mundo en el que Europa será un continente envejecido, con un 30% de personas mayores de 65 años (¡y un 12%, o sea 60 millones de personas, mayores de 80 años…!). El futuro está en los continentes jóvenes, donde estará el consumo y es cada vez más urgente que nos posicionemos. Mirar alrededor y buscar mercados donde hoy sólo tenemos problemas, incluidos secuestros estereofónicos.
Por eso cuando me hablan de si estamos en una crisis en V, en U, o en L, y me preguntan si creo que vamos a salir el 2011 o en 2012, pienso que eso importa, pero es lo de menos, porque lo que nos estamos jugando no son los próximos dos o tres años, sino la posición de España en el mundo globalizado del siglo XXI. Y cuando oigo que el cambio de modelo económico se va a diseñar con la ayuda de los sindicatos y no veo por ninguna parte un esfuerzo decidido por la educación, pienso… “tutto sbagliato!”
Calle Valverde, Madrid, 1897. Santiago Ramón y Cajal lee su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Ya es catedrático de Histología en Madrid y doctor honoris causa por la Universidad de Cambridge. En 1906 vendrá el Premio Nobel de Fisiología y Medicina.
¿Hablamos de la misma persona?
¿Qué ha sucedido entremedias? Pues baste afirmar que los treinta años que separan una y otra calle son prueba innegable de la voluntad de aprender, el afán de superación personal y la inclinación a hacer el bien a través de la ciencia.
Su discurso lo recoge Cajal en Los Tónicos de la Voluntad, que me he releído al alimón con El Arte de Aprender, de su contemporáneo Marcel Prévost, un pequeño clásico de la pedagogía. Al final mi vieja reserva de la Colección Austral me va a servir de algo.
Dirán ustedes que por qué estoy leyendo estas cosas en fin de semana. Pues la verdad he tenido en la mano “El Buque Maldito” de Emilio Salgari, que es más divertido y el tema de los piratas también está de actualidad, pero me parece que lo de Cajal y Prévost es más urgente.
Porque llevo tres semanas seguidas escuchando alusiones al deterioro de nuestro universidad, a la necesidad de organizar cursos “0” para compensar la mala preparación de los alumnos que llegan de bachillerato y ya hablan de cursos “-1” porque hay que enseñar cosas todavía más básicas. Al abandono de 66.000 alumnos cada año, al absentismo superior al 40%: alumnos que se matriculan y nunca van a clase.
Y ahora llega el informe de la Unión Europea Progress towards the Lisbon Objectives 2010 in education and training en el que nos suspenden en cuatro de los cinco factores: abandono escolar por encima de la media, menos alumnos que completan la educación secundaria, mal entendimiento de la lectura, bajo porcentaje de graduados en matemáticas, ciencia y tecnología. Sólo nos salvamos en la educación para adultos. Y lo grave no es que suspendemos, lo grave es que vamos a peor con respecto al año 2000.
El Sr. Gabilondo, que sepa que lo de la alfombra roja aunque no tuviese más remedio le ha bajado en mi estima, dice que no es tan grave. Lo dice el mismo día que el gobierno aflora una Ley de Sostenibilidad en que vacuamente afirma que se va a estimular la investigación y el desarrollo para cambiar nuestro modelo económico.
Ramón y Cajal habría puesto a todas estas cuestiones bajo su microscopio y hubiera intentado dilucidar cuáles eran las razones de nuestro atraso. Él manejaba seis hipótesis: 1) La térmica, 2) la oligohídrica, 3) la económico-política, 4) la del fanatismo religioso, 5) la del orgullo y la arrogancia españoles y 6) la de la segregación intelectual. Probablemente se hubiera parado en la hipótesis económico-política (-sindicalista, añadiría yo). Cita en ella Cajal repetidamente a Cánovas (“trabajad, inventad, economizad sin tregua, no contraigáis más deudas, no pretendáis tanto adquirir como conservar, no fiéis sino en vosotros mismos, dejando de tener fe en la fortuna”) y a Joaquín Costa (“no se encierra todo en levantar el nivel de cultura general, es preciso, además, producir grandes individualidades científicas que tomen activa participación en el movimiento intelectual del mundo y en el levantamiento de la ciencia contemporánea”).
Cajal, que detestaba el uso de la memoria y Prévost, que la consideraba una gimnasia para el espíritu, coinciden en cambio en que la base esencial del aprendizaje es la voluntad como lucha contra la pereza. Dice Cajal que la pereza es el mayor vicio de los españoles. Prévost, que la voluntad debería ser la primera enseñanza de la pedagogía. Voluntad, orden y tiempo, una receta infalible para el buen estudiante.
Así que por eso creo vacuas las afirmaciones de nuestro gobierno en su nueva ley. Porque la investigación y el desarrollo tecnológico se basan en el aprendizaje, sobre todo en la universidad, y éste a su vez en distinguir a la excelencia, no en primar a un igualitarismo que no atienda a los méritos. Veo difícil que el tándem ideológico que conforman en España gobierno y sindicatos tonifiquen la voluntad de nuestros jóvenes y les convenzan de que las cosas se consiguen con esfuerzo. Y mientras ello no se consiga seguiremos de zapateros, remendones.
Cuando Warren Buffett compra trenes no son de juguete. A sus 79 años se acaba de gastar unos 25.000 millones, euro arriba euro abajo, en la compra de la compañía ferroviaria BNSF, la Burlington Northern Santa Fe (6.510 locomotoras y 82.555 vagones de carga). Creo que vale la pena reproducir entero un párrafo de su libro The Essays of Warren Buffett, Lessons for Investors and Managers: “…you will see that we favor businesses and industries unlikely to experience major change. The reason for that is simple: making either type of purchase, we are searching for operations that we believe are virtually certain to possess enormous competitive strength ten or twenty years from now. A fast-changing industry environment may offer the chance for huge wins, but it precludes the certainty we seek” (verán que preferimos negocios e industrias que es improbable que cambien mucho. La razón es simple: en cualquiera de esas compras, buscamos operaciones que creemos que casi con certeza poseerán fuerza competitiva dentro de diez o veinte años. Una industria que cambie muy deprisa puede ofrecer la oportunidad de enormes ganancias, pero nos impide tener la certeza que buscamos).
¿Qué será lo que ha visto Warren en BNSF? Pues yo creo que ha visto dos cosas. Mirando veinte años hacia delante, cosa que cuando yo tenga su edad espero ser capaz de hacer, o sea al 2030, sabe que habrán concurrido dos factores:
1. El transporte, de personas y de mercancías, absorberá una mayor proporción del consumo de combustibles fósiles. La EIA –Energy Information Administration- que es la oficina de estadísticas de energía del gobierno americano, estima en su International Energy Outlook 2009 –IEO2009-, que el consumo de energía para el transporte subirá del 51% al 56% de la energía total demandada, y que el 80% del crecimiento de la demanda provendrá del transporte. El crecimiento de los países fuera de la OCDE será el principal responsable.
2. Irremisiblemente las limitaciones en la emisión de CO2 habrán ido ganando fuerza pese a las muchas tensiones y controversias que sin duda iremos presenciando. A menos que se produzca un cambio revolucionario en la producción de energías alternativas que abarate su coste, la limitación de emisiones habrá de producirse más por la vía del ahorro y la eficiencia energética que por la producción alternativa.
Ergo… Los sistemas más eficientes para el mismo servicio, transporte, vivienda o lugar de trabajo por ejemplo, se impondrán necesariamente.
Las muchas comparaciones del consumo de energía de diferentes medios de transporte varían en función de factores como la ocupación media del vehículo o la distancia del viaje, si contamos o no el peso energético de la construcción y mantenimiento de las infraestructuras, etc. Pero en esencia no nos equivocamos si llevamos en la cabeza que el metro es entre 3 y 6 más eficiente que el automóvil, aunque cuando el metro va lleno es mucho más… eficiente. El autobús entre 3 y 10 veces más eficiente que el avión. El tren es entre 2 y 5 veces más que el transporte por carretera. Podríamos seguir. Pero el hecho es que midamos como midamos el transporte público en las ciudades y el transporte ferroviario para mercancías y personas se van a ir imponiendo forzosamente. No sólo por su propia competitividad, sino porque las normativas irán penalizando los medios menos eficientes en energía: automóvil, camión, avión.
Y eso Warren lo ve y sabe que BNSF seguirá siendo un gran negocio en el 2030.
¿Y qué hacemos nosotros aquí? Pues mirar a nuestro alrededor. Europa envejece. La población continental será menor en el 2030 de lo que es hoy. El consumo energético para el movimiento de pasajeros en Europa decrecerá. Donde están los crecimientos es en los países fuera de la OCDE y en el transporte de mercancías, en Asia, África y América Latina. Bueno, y en el de personas en Asia, una de las esperanzas del automóvil con sus modelos de bajo precio.
Por tanto, ahora que tanto hablamos de modelo económico tal vez haríamos bien en mirar a donde se crece y tenemos acceso, África, cuyo negocio en estas cosas se van a comer los chinos, y América Latina, donde se lo seguirán comiendo los americanos. El 70% de nuestras exportaciones van a Europa. Todo eso habrá que cambiarlo.
España ha hecho una gran apuesta y se ha convertido en líder en la producción de energías alternativas. ¿Qué tal si nos convertimos en líderes en eficiencia energética y vendemos algo por ahí fuera?

Esperanza y conflicto...
Ayer, un representante del Gobierno Vasco anunciaba que Biobide, una empresa dedicada al “testado masivo automatizado” de nuevos fármacos utilizando al pez cebra, presentaba concurso de acreedores. Una primera resonancia mediática es que de Biobide es socio Genetrix, y de Genetrix… Cristina Garmendia, la Ministra de Ciencia y Tecnología. De ahí naturalmente el morbo de la historia. Parece que Genetrix, que es el mayor accionista, con el 28,17%, no quiere o no puede poner más dinero y de ahí aflora que parte del capital de Biobide tiene origen público o semi-público por la presencia de la Diputación de Guipúzcoa (24,88%). El resto del capital es de genoma vasco y lo forman el fondo del Gobierno Vasco para Inversión de Empresas Digitales (21,02%) y Corporación Mondragón (25,93%).
Las raíces científicas de Biobide están en el Salk Institute de La Jolla (California), fundado por Jonas Salk, descubridor de la vacuna contra la polio, en 1.960. Juan Carlos Aizpisúa, que es presidente del Comité Científico Asesor de Biobide, es profesor en el Salk Institute, y Carles Callol y Ainhoa Letamendia que son dos de los tres directores científicos de Biobide, han pasado por Salk. Así que credenciales no faltan. Por el Salk Institute ha pasado también, por cierto, Elizabeth Blackburn, la Nobel de Medicina de este año.
En Genetrix nos encontramos de nuevo al profesor Aizpisúa y a Margarita Salas, así que aquí tampoco parecen faltar cabezas pensantes. Genetrix es una empresa singular, especie de holding que se define a sí misma como un vehículo facilitador de un intermedio entre el capital semilla y el venture capital para empresas de biotecnología. No parece haber motivo para no darle todas las bendiciones en esta España nuestra.
Que Biobide llegue a presentar concurso –que algún desmentido hay por ahí- parece lamentable, sobre todo cuando se habla de tres millones de eurillos.
Yo, con ministra o sin ella, extraigo algunas conclusiones:
1. Los negocios de esta gente son buena cosa para nuestro país.
2. La incógnita de si el negocio de Biobide es viable o no a corto plazo. Si lo de los pececillos tiene su fundamento, la financiación debería conseguirse.
3. Que Genetrix haga su trabajo buscando financiación pública –tiene de hecho una persona dedicada en exclusiva a ese cometido- es correcto.
Pero se me generan algunas dudas:
1. El estatuto de algunas entidades públicas debería impedir que invirtiesen en proyectos empresariales, por más beneficiosos que puedan parecer. A priori la presencia de una diputación en una empresa de biotecnología me parece cuanto menos exótica. Yo creo que las diputaciones están para otras cosas, que posiblemente haya que definir mejor. Y lo mismo es de aplicación para ayuntamientos, comunidades autónomas y demás entes públicos que van a su aire.
2. El control de estas inversiones debería hacerse ex-ante, no ex-post. O sea sin esperar a si las cosas salen bien o mal.
3. Hacen falta mecanismos que aseguren que no existe, en cualquier negocio, clientelismo, amiguismo, nepotismo u otros ismos varios por parte de los poderes públicos. Y sí, los nacionalismos también pueden enturbiar las decisiones.
4. Para todo ello hace falta transparencia. Es obligado un registro público nacional de todas las inversiones, financiaciones o subvenciones que se hagan a empresas privadas con dinero público de cualquier procedencia.
Resolvámoslo, porque el testimonio de Jonas Salk a la entrada de su Instituto me parece hoy de aplicación imprescindible: “Hope lies in dreams, in imagination and in the courage of those who dare to make dreams into reality” (La esperanza está en los sueños, en la imaginación y en el valor de aquellos que se atreven a convertir los sueños en realidad).

Salk Institute de Louis Kahn, sana envidia...
¿Podremos soñar en España en algo parecido?
Hace unos meses estuve curioseando sobre las temperaturas medias, máximas y mínimas de las ciudades costeras españolas para ver de establecer una relación con el turismo. Me asaltó la duda cuando estudiaba la llamada Costa Tropical, que ya saben es la costa de Granada (Motril, Salobreña, Almuñécar, La Herradura). Las temperaturas para Granada son las de la estación de toma de datos del aeropuerto de Granada, que está a 570 metros de altitud, y cuando comprobé que me daba una temperatura mínima extrema de -14,2º, bajo cero, para el mes de enero (16-1-87) comprendí que no me iba a servir, que nadie se iba a creer aquello de “Costa Tropical”. Así que llamé a la Agencia Estatal de Meteorología, desde donde amablemente me explicaron que efectivamente era el caso que en Granada los datos provinciales eran los de su aeropuerto, muy distintos de los de buena parte de la provincia. Pero que no había otros.
Es uno de los problemas de la Estadística, la falta de información. Read the rest of this entry »

Tecnología militar...
Y romperán sus espadas para arados y sus lanzas para hoces (Miqueas, 4,3)
Hace unos días ha sido el bicentenario de la batalla de Aspern-Essling, al lado de Viena. Sobre ella quiso Balzac hacer una novela pero fue Patrick Rambaud quien acabó contándola y ganó por ello el premio Goncourt. La narración no puede ser más cruda e iluminadora, con la luz gris de la guerra. En ese enfrentamiento entre las tropas de Napoleón, comandadas por el mariscal Masséna y las del Archiduque Carlos de Austria, murieron algo más de cuarenta mil soldados en unas treinta horas. La de Irak es una birria de guerra a su lado. Y ello demuestra que la tecnología no es precisamente imprescindible para el antiguo oficio de matar, al que la raza humana se ha dedicado con denuedo a través de los siglos.
A los franceses se enfrentó mi tatarabuelo, Read the rest of this entry »
La Semana Santa ha venido con tiempo incierto, como casi siempre. Así que paso de playa y sigo releyendo a Orwell, que el cambio de gobierno me hace recordar Animal Farm. Pero lo que ahora me interesa es más su pensamiento sobre el hombre corriente que sus fábulas políticas. Orwell escribía muy bien sobre la miseria y los negocios menguantes, porque lo experimentó todo en primera persona. Supongo que en este momento entre una parte no pequeña de los hombres y mujeres corrientes en España, o sea casi todos, cunden las preocupaciones corrientes. Los que tienen trabajo, pero su empresa está de cuarto menguante, se temen la cola anónima del INEM. Y a los de la cola les preocupa encontrar trabajo antes de que se acabe el subsidio, o después. Y mientras tanto tienen, tenemos, que ir al super, pagar la luz, los colegios, hipotecas y otras menudencias domésticas.
En un extremo están los down and out. Orwell fue en su día uno de ellos, de los que llegan a dormir en la calle o en el albergue. Más tarde y a través de uno de sus personajes él mismo reconoce que no se sentía ni un down and out, ni un go-getter, sino una parte de la inmensa mayoría que está en el medio, ni en la miseria absoluta y sin solución, ni emprendedor dispuesto a mucho para enriquecerse. En España ahora mismo tenemos un problema, un desequilibrio, que es que una parte de esa mayoría intermedia se está deslizando, de momento silenciosamente, hacia el extremo inferior, el de los problemas económicos serios. Cuánta gente se desplace hacia ese extremo, sin saber bien como impedirlo, dependerá mucho de la profundidad y duración de esta crisis que estamos viviendo. Y de lo que se haga para evitarlo.
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Supongo que los nubarrones negros de ahí encima nos habrán hecho pensar a alguno en lo de pedir en el metro… Yo siempre recuerdo una pequeña historia de la Novela de Tres Centavos, de Bertolt Brecht. A Fewkoombey, el soldado que vuelve cojo de de la Guerra de los Boers, le encarga Macheath (“Macky Navaja”) la tarea de alimentar a los perros de los mendigos. La ocupación es sencilla pero delicada: tiene que darles de comer lo suficiente para que no se mueran pero no demasiado, no sea que engorden y dejen de inspirar compasión. Como el trabajo le ocupa poco tiempo, pasa el resto del día leyendo medio tomo de una enciclopedia, de ésas de muchos, que le regala una vecina. El resultado es que después de algunos meses lo sabe todo sobre la letra “M”… pero absolutamente nada del resto del mundo del conocimiento.
Fewkoombey tiene la curiosidad y la pasión por aprender, pero carece de los medios. Nuestros jóvenes de hoy, y los menos jóvenes también, lo tienen todo a su disposición para aprender cuanto quieran. Sólo hace falta curiosidad y pasión por el aprendizaje.
Hay una cosa que los acontecimientos recientes nos están haciendo olvidar. Aparte de la crisis inmobiliaria y de la crisis internacional, nos acompaña una realidad que ha pasado a segundo término mediático pero está ahí, que es el fenómeno de la globalización de la producción y los servicios. Podemos confiar en que las crisis pasarán. Pero también podemos estar seguros que la globalización seguirá hacia delante.
Ninguno de los problemas que estamos viendo son consecuencia de un único factor, todos lo son de una mezcla. La globalización es parte de esa mezcla. Cuando los trabajadores de General Motors en Zaragoza se manifiestan porque ven su trabajo en peligro, detrás estará la crisis de liquidez o la crisis internacional de confianza, pero sobre todo está la globalización. Lleva años impactando sobre el sistema económico mundial sin que muchas economías occidentales estemos haciendo lo suficiente, o algo, para acomodar nuestra sociedad a esa nueva situación.
Mi manual de cabecera sobre el tema es el libro The World is Flat (2006) de Thomas Friedman. El autor, que ha ganado tres premios Pulitzer, desgrana en su libro los fundamentos de la globalización y sus propuestas para que Estados Unidos no pierda su liderazgo económico. La mayoría de sus razonamientos son directamente trasladables a nuestro país. En cifras de Friedman, China tenía en 1990 unos 375 millones de personas en situación de pobreza extrema. En 2001 eran 212 millones. En 2015 se espera que sean sólo 16 millones. Ese incremento de nivel de vida, basado sobre todo en una revolución educativa, no es sólo consecuencia de crear más riqueza, lo es también de drenarla de otros países. Léase crisis de General Motors, léase manifestación de Zaragoza.
Manifestarse con pancartas no va a crear empleo (supongo que los sindicatos no leen estas cosas). Hay que buscar más soluciones y creo que deben de ser del tipo de “qué hago yo, mientras por ahí arriba piensan en qué hacen”. La sociedad completa tiene que hacer un ejercicio de introspección y analizar qué cosas tienen que cambiar si queremos defender nuestro nivel de vida.
Nuestra mayor esperanza debe estar también en la educación. Me resulta de máximo interés la ecuación que propone Friedman: CQ, cociente de curiosidad + PQ, cociente de pasión por el aprendizaje > IQ, cociente intelectual. La suma de la curiosidad y la pasión por el aprendizaje es mayor que el propio cociente intelectual. El mayor efecto positivo de la revolución tecnológica que estamos viviendo es que prácticamente todo el que quiera tiene acceso a una ventanita como ésta sobre la que usted y yo escribimos y leemos, que se abre sobre el universo del conocimiento. Detrás de esta pantalla está TODO. Pero hay que tener curiosidad y pasión por aprender, y eso es lo que tenemos que imbuir en nuestros hijos, nietos, compañeros, empleados, amigos. La mejor ocupación mientras escampa es prepararnos para la post-crisis, aprendiendo y ayudando a aprender.
Y como he empezado con Brecht, aprovecho para incluir un clip de The Ballad of the Pimp de The Three Penny Opera, con Alan Cumming y Cyndi Lauper (53 años… para los que se lo pregunten). El Tony Award que recibió me permite publicarlo pese a su contenido un poco subido de tono para un blog supuestamente económico. ¡A ver si ayuda a animarnos!
P.S. Ya sé que hoy tocaba hablar de Obama. Su discurso ha sonado bien, pero me he inclino por la indicación bíblica: “por sus hechos los conoceréis”.











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